Vida consagrada

La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y enseñanzas de Cristo el Señor, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu. Con la profesión de los consejos evangélicos los rasgos característicos de Jesús — virgen, pobre y obediente — tienen una típica y permanente « visibilidad » en medio del mundo, y la mirada de los fieles es atraída hacia el misterio del Reino de Dios que ya actúa en la historia, pero espera su plena realización en el cielo. (Vita consecrata 1)

La vida consagrada se hace realidad por los votos de:
 

Castidad - Con el consejo evangélico de castidad que es don del Espíritu Santo, las hermanas se consagran íntegramente a Dios. Eligen libremente amarlo con un amor indiviso y amar y servir a todos los hombres haciendo presente en ellos, el amor de Cristo. Este amor crece en la vida fraterna en comunidad y es signo y preanuncio de la unión de todos los hombres en el Reino de los cielos. (Constituciones Art. 6)
 

Pobreza - Las hermanas sean pobres de espíritu. Según las palabras de San Francisco es pobre aquel que con gusto soporta las privaciones, no se turba cuando se le quita algo, no se enorgullece por los dones naturales y no se desalienta de los eventuales fracasos porque sabe que Dios todo lo convierte en bien para aquellos que lo aman. (Constituciones Art. 13)
 

Obediencia - Con el voto de obediencia, siguiendo el ejemplo de Cristo, las hermanas comprometen su inteligencia y voluntad, dones naturales y gracias, asumiendo con generosa disponibilidad los servicios que se les han confiado, participando así en el plan divino de salvación. (Constituciones Art. 20)